IA Evolutiva y Adaptativa (II)
Investigadores españoles descubren que el ojo de una mosca utiliza ingeniería
de última generación y su influencia en el desarrollo de la IA Evolutiva y
Adaptativa
(https://www.msn.com/es-es/noticias/tecnologia/investigadores-espa%C3%B1oles-descubren-que-el-ojo-de-una-mosca-utiliza-ingenier%C3%ADa-de-%C3%BAltima-generaci%C3%B3n/ar-AA27bvPF?ocid=msedgntp&pc=U531&cvid=6a606667d3bd4153894dabc42446209c&cvpid=bd007f279d854)
Creo que este descubrimiento encaja de forma
extraordinaria con el planteamiento central de mi artículo "IA
Evolutiva y Adaptativa". No porque demuestre inteligencia artificial
en la naturaleza, sino porque aporta un ejemplo biológico muy sólido de que la evolución
no solo optimiza materiales, sino también arquitecturas y algoritmos de
construcción.
El trabajo liderado por investigadores españoles ha
demostrado que el ojo de la Drosophila melanogaster incorpora el primer metamaterial
natural programable conocido. La retina, cuando el insecto aún está en
estado de pupa, contiene una malla bidimensional de células organizada en
triángulos que actúa como un auténtico "plano de ingeniería".
Posteriormente, mediante cambios de presión interna, esa estructura se
transforma de forma autónoma en una geometría tridimensional perfectamente
definida, sin necesidad de moldes externos.
Desde el punto de vista de mi artículo, este
descubrimiento permite reforzar varias ideas.
1. La
evolución como ingeniera de algoritmos físicos
Hasta ahora solemos pensar que la evolución selecciona
organismos.
Este trabajo muestra algo más profundo:
- selecciona
arquitecturas;
- selecciona
geometrías;
- selecciona
mecanismos autoorganizativos;
- selecciona
procesos de fabricación.
Es decir, la naturaleza no diseña únicamente el
resultado final, sino también el procedimiento para construirlo.
Eso conecta directamente con una IA evolutiva.
En lugar de programar una solución, la IA podría
aprender a diseñar reglas de construcción que generen automáticamente la
solución óptima.
2. Un nuevo
paradigma para la IA Adaptativa
Se podría introducir un concepto como:
IA Morfogenética Adaptativa
En este paradigma la IA no calcula únicamente
decisiones.
También diseña estructuras capaces de reorganizarse
cuando cambia el entorno.
Exactamente igual que hace el ojo de la mosca.
La inteligencia pasa a residir tanto en el algoritmo
como en la arquitectura física.
3. La unión
entre IA y metamateriales
Este descubrimiento abre una línea completamente
nueva.
La IA podría aprender:
- qué
geometría utilizar;
- cómo
reorganizar esa geometría;
- cuándo
modificarla;
- cómo
optimizarla continuamente.
De esta manera aparecerían:
- sensores
inteligentes;
- robots
inteligentes;
- materiales
inteligentes;
- estructuras
inteligentes.
No serían inteligentes únicamente por el software.
Lo serían también por su propia geometría.
4.
Aplicación al medio marino
Aquí es donde mi artículo puede aportar una visión
original.
Imagina:
- cascos
de submarinos que modifican ligeramente su curvatura para reducir ruido;
- antenas
submarinas cuya geometría cambia según la frecuencia;
- sensores
que modifican automáticamente su sensibilidad;
- alas de
drones submarinos con geometría variable;
- micro-ROV
capaces de adaptar su estructura según las corrientes.
Todo inspirado en ese principio descubierto en el ojo
de la mosca.
5. Relación
con el concepto de IA Evolutiva
Una posible ampliación conceptual sería afirmar que
existen tres niveles de evolución.
Primer nivel
Evoluciona el software.
La IA aprende.
Segundo nivel
Evoluciona el hardware.
La IA rediseña sus propios sensores.
Tercer nivel
Evoluciona la arquitectura física.
La IA modifica la geometría de los componentes para
adaptarse al entorno.
El ojo de la mosca constituye precisamente un ejemplo
biológico de este tercer nivel.
6.
Aplicación a la nanotecnología
Recuerda que anteriormente comentábamos la posibilidad
de reproducir este diseño en aproximadamente 0,5 mm.
Este descubrimiento refuerza enormemente esa idea.
No se trataría únicamente de copiar un ojo compuesto.
Se trataría de copiar el mecanismo mediante el cual la
naturaleza fabrica dicho ojo.
Eso abre la puerta a:
- nanorrobots
autoensamblables;
- sensores
biomiméticos;
- lentes
adaptativas;
- metamateriales
programables;
- chips
fotónicos con geometría evolutiva.
7. Una
posible ampliación del artículo
Se podría añadir un apartado específico como:
La IA
Evolutiva inspirada en la Morfogénesis Programable
En él se podría desarrollar una idea como esta:
"El reciente descubrimiento del primer
metamaterial natural programable en el ojo de la mosca demuestra que la
evolución no solo optimiza funciones biológicas, sino también arquitecturas
físicas capaces de transformarse de manera autónoma. Este principio puede
convertirse en uno de los fundamentos de una nueva generación de Inteligencia
Artificial Evolutiva y Adaptativa, en la que los sistemas inteligentes no solo
aprendan mediante algoritmos, sino que diseñen, reconfiguren y evolucionen
continuamente su propia estructura física, dando lugar a materiales, sensores y
robots capaces de adaptarse dinámicamente a entornos cambiantes."
Valoración
final
En mi opinión, este descubrimiento tiene una
relevancia especial para mi artículo porque proporciona un ejemplo
experimental de un principio que encaja con mi tesis principal: la
inteligencia no tiene por qué limitarse al software. La propia arquitectura
física puede contener información, reglas de transformación y capacidad
adaptativa. Esa convergencia entre biología evolutiva, metamateriales e
inteligencia artificial puede convertirse en uno de los pilares de una futura IA
bioinspirada de tercera generación, donde evolucionen simultáneamente los
algoritmos, los materiales y las estructuras físicas.
Sería una de las próximas revoluciones la capacidad de que materiales,
sensores y robots sean capaces de adaptarse dinámicamente a entornos
cambiantes.
Podría ser por tanto una de las grandes revoluciones
tecnológicas de las próximas décadas, aunque todavía estamos en una fase
temprana de investigación. La idea de que materiales, sensores y robots
puedan adaptarse dinámicamente a entornos cambiantes es un objetivo
compartido por varias disciplinas: inteligencia artificial, ciencia de
materiales, robótica, nanotecnología y bioingeniería.
Esta convergencia podría dar lugar a una nueva
generación de sistemas que no solo "ejecuten órdenes", sino que perciban,
interpreten, se reconfiguren y optimicen su funcionamiento en tiempo real.
Por ejemplo:
- Materiales
adaptativos que modifiquen su rigidez, elasticidad,
conductividad térmica o propiedades ópticas en respuesta a cambios de
temperatura, presión o radiación.
- Sensores
inteligentes capaces de reconfigurar automáticamente su
sensibilidad, rango de medida o consumo energético según el entorno.
- Robots
bioinspirados que alteren su forma, locomoción o
comportamiento para desplazarse por terrenos, corrientes marinas o
atmósferas muy diferentes.
La naturaleza ofrece numerosos ejemplos de esta
capacidad:
- El ojo
compuesto de una mosca, cuya formación utiliza principios de
autoorganización.
- Los
pulpos, que modifican la rigidez y la forma de sus brazos.
- Los
peces, que ajustan continuamente su natación a las corrientes.
- Las
plantas, que orientan su crecimiento hacia la luz y reorganizan sus
tejidos según el ambiente.
Desde la ingeniería, esto supone un cambio de
paradigma. Tradicionalmente se diseñaban sistemas para unas condiciones
concretas. En el futuro, el objetivo será desarrollar sistemas que cambien
con el entorno, reduciendo la necesidad de intervención humana y aumentando
su eficiencia y resiliencia.
Impacto en
el medio marino
En el ámbito marino el potencial sería especialmente
notable:
- Vehículos
submarinos autónomos que adapten automáticamente su hidrodinámica para
ahorrar energía.
- Redes
de sensores oceánicos que modifiquen su configuración según el estado del
mar o la misión científica.
- Materiales
resistentes a la corrosión y al biofouling que respondan activamente a las
condiciones del agua.
- Plataformas
flotantes que ajusten su comportamiento frente al oleaje para mejorar su
estabilidad.
- Robots
de rescate capaces de cambiar su configuración para atravesar grietas,
pecios o estructuras colapsadas.
Una posible
nueva etapa tecnológica
Podría incluso definirse una nueva etapa en la evolución de la ingeniería:
- Ingeniería
estática: estructuras diseñadas para condiciones fijas.
- Ingeniería
automatizada: sistemas que responden mediante control
electrónico.
- Ingeniería
adaptativa: sistemas que modifican su comportamiento.
- Ingeniería
evolutiva: sistemas que modifican también su estructura
física y optimizan esa adaptación de forma continua.
Es en este
cuarto nivel donde convergen la IA
evolutiva, los metamateriales programables, la robótica bioinspirada y
descubrimientos como el del ojo de la mosca.
Si esa convergencia llega a madurar, no estaríamos
simplemente ante una mejora de las tecnologías actuales, sino ante una transformación comparable, por su
alcance, a la introducción de los
microprocesadores o de Internet:
máquinas y materiales que ya no solo
ejecutan funciones, sino que se adaptan físicamente al mundo que los rodea.
La siguiente revolución a esta
sería que materiales, sensores y robots
fueran capaces de reconfigurar digamos
su "adn artificial" algo
parecido a reprogramarse pero mucho más
complicado.
De hecho, esa podría representar un salto conceptual
aún mayor. Sin embargo, utilizaría la expresión "genoma
artificial" o "arquitectura genética artificial" como
una metáfora, dejando claro que no se trata de ADN biológico.
Podríamos imaginar una evolución tecnológica en varias
etapas:
Primera
revolución: IA adaptativa
La IA modifica sus decisiones y estrategias, pero el
hardware permanece prácticamente igual.
Segunda
revolución: IA morfogenética
Los materiales, sensores y robots modifican su forma y
algunas de sus propiedades físicas para adaptarse al entorno, inspirándose en
organismos como el pulpo, el ojo de la mosca o determinadas plantas.
Tercera
revolución: IA evolutiva estructural
Aquí aparece la idea que se propone.
El robot ya no solo cambia de forma, sino que reescribe
las reglas internas que gobiernan su funcionamiento. Esas reglas serían su
"genoma artificial".
Ese "genoma"
podría contener información como:
- La
arquitectura del sistema.
- La
configuración de los sensores.
- Los
parámetros de control.
- Las
prioridades de la misión.
- Los
protocolos de cooperación con otros robots.
- Los
límites de seguridad.
- Los
modelos de aprendizaje.
En determinadas circunstancias, la IA podría modificar
parte de ese conjunto de reglas para adaptarse a una misión o entorno nuevos,
siempre dentro de límites definidos por sus diseñadores.
Inspiración
en el pulpo
El pulpo es un ejemplo interesante porque no solo es
flexible físicamente. También posee un sistema nervioso muy distribuido: gran
parte del procesamiento relacionado con el movimiento ocurre en sus brazos, que
pueden ejecutar acciones complejas sin depender de una supervisión continua del
cerebro.
En robótica, una inspiración equivalente sería un
sistema donde:
- cada
módulo posee cierta autonomía;
- los
módulos cooperan entre sí;
- la
estructura puede reorganizarse;
- la
inteligencia está distribuida y no concentrada en un único procesador.
Una posible
cuarta revolución
Incluso podríamos imaginar un nivel posterior:
IA Evolutiva Autónoma
En esta etapa, el "genoma artificial" no
solo se reprograma, sino que también evoluciona.
Por ejemplo:
- Un
robot encuentra una solución más eficiente.
- La
valida mediante simulaciones y pruebas.
- La
comparte con otros robots.
- Los
demás la evalúan.
- Si
demuestra ser mejor, pasa a formar parte del "genoma artificial"
común.
Sería un proceso análogo, en sentido conceptual, a la
evolución biológica, aunque mucho más rápido y dirigido. No implicaría una
evolución completamente libre: seguiría estando limitada por objetivos,
restricciones de seguridad y mecanismos de supervisión.
Aplicación
al medio marino
En el ámbito marino esto podría resultar especialmente
útil. Imagina una flota de vehículos submarinos autónomos que explora una zona
desconocida del fondo oceánico.
Si uno descubre que una determinada configuración de
sensores funciona mejor en aguas con mucha turbidez, podría compartir esa
mejora con el resto de la flota. Los demás adaptarían su "genoma
artificial" para incorporar esa nueva configuración sin necesidad de
esperar a una actualización desde tierra.
Un posible
concepto
Creo que una expresión que resume bien esta visión es:
Genoma Artificial Evolutivo (GAE)
Se podría definir como:
"El Genoma
Artificial Evolutivo es el conjunto estructurado de reglas, arquitecturas,
parámetros y capacidades que determinan el funcionamiento de un sistema inteligente
y que puede modificarse de manera controlada mediante aprendizaje, validación y
adaptación, permitiendo que materiales, sensores y robots evolucionen
funcionalmente sin alterar su identidad como sistema."
Es una idea especulativa, pero está alineada con
varias líneas de investigación actuales, como la robótica modular, los
materiales programables, el aprendizaje continuo (continual learning),
la computación evolutiva y los sistemas multiagente. La novedad estaría en
integrarlas bajo un marco común donde la "evolución" afecta no solo
al software, sino también a la organización física y funcional del sistema.
Autor: Salvador Lechuga Lombos
Pres. de Aprocean
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