Investigadores han desarrollado un tipo de hormigón impreso en 3D que puede absorber hasta un 142 % más dióxido de carbono (CO₂) que el hormigón convencional.
Esto no significa que el hormigón emita negativo, sino que su diseño y composición permiten capturar más CO₂ del aire que el hormigón tradicional a lo largo del tiempo.
Parte de este avance viene de estructuras inspiradas en la geometría de huesos humanos, que maximizan área superficial y porosidad, lo que facilita la absorción de CO₂.
🧪 ¿Cómo funciona?
Las investigaciones publicadas muestran que:
El material incorpora materias como tierra de diatomeas (fósiles de microalgas con alta porosidad), lo que facilita que el CO₂ penetre y se fije en el material.
Puede usar menos material (hasta ~60 % menos que un hormigón estándar para equivalentes estructurales) y aún así retener una resistencia significativa.
🌍 ¿Por qué esto importa?
🧠 Perspectiva técnica y limitaciones
Aunque absorbe más CO₂ que el hormigón normal, es importante entender que la captura ocurre gradualmente y depende de la superficie expuesta y del diseño.
Su uso todavía está en fase de prototipo y requiere más pruebas y certificaciones antes de que pueda usarse en construcción comercial o civil habitual.
🏗️ Estado actual y aplicabilidad
Se han mostrado prototipos (por ejemplo un puente impreso de este material).
Se está explorando su uso en componentes prefabricados que podrían ensamblarse en edificios o infraestructuras, lo que también podría reducir emisiones a lo largo del ciclo de vida.
👉 En resumen: esta innovación no elimina por completo las emisiones del hormigón, pero representa un avance significativo hacia materiales de construcción que ayudan activamente a reducir el CO₂ de la atmósfera, lo que podría tener impacto industrial si se lleva a escalas masivas.
Las aplicaciones en el medio marino de este tipo de hormigón 3D con alta capacidad de absorción de CO₂ son especialmente interesantes, porque el océano es uno de los mayores sumideros naturales de carbono y, a la vez, un entorno muy agresivo para los materiales.
Aquí van las más relevantes, de más realista a más futurista:
1. Arrecifes artificiales “carbono-negativos”
Probablemente la aplicación más inmediata.
Qué aportaría
Estructuras porosas que favorecen la colonización de algas, corales y moluscos.
El propio hormigón captura CO₂ y además sirve de sustrato para organismos que también fijan carbono (biomineralización).
Geometrías bioinspiradas (tipo hueso o coral) optimizan:
Superficie de contacto.
Flujo de agua.
Refugio para peces.
Impacto real
2. Infraestructuras portuarias y costeras
Muelles, espigones, diques, rompeolas.
Ventajas clave
El hormigón marino tradicional sufre:
Carbonatación.
Ataque de sulfatos.
Cloruros.
Este nuevo material:
Ya está “pensado” para reaccionar con CO₂.
Puede diseñarse con microcanales internos para:
Autorreparación.
Menor degradación química.
Resultado
Infraestructuras que:
Duran más.
Capturan carbono durante décadas.
Reducen mantenimiento y coste de ciclo de vida.
3. Plataformas submarinas y hábitats
Para investigación, energía o incluso turismo.
Ejemplos:
Bases científicas.
Granjas marinas.
Hoteles submarinos (sí, existen proyectos reales).
Aquí es donde brilla la impresión 3D
Puedes imprimir:
Cúpulas.
Estructuras tipo panal.
Espacios con gradiente de presión.
Todo optimizado para:
Resistencia estructural.
Máxima superficie de intercambio químico con el agua.
4. Captura directa de carbono oceánico (CDOC)
Esto es casi ciencia dura.
Idea
Crear campos de estructuras submarinas diseñadas solo para:
Maximizar contacto con agua.
Favorecer reacciones de carbonatación.
Precipitar carbonatos estables (CaCO₃, MgCO₃).
Sería algo así como:
“Bosques de piedra que respiran CO₂”.
A gran escala, esto podría:
Aumentar la capacidad natural del océano como sumidero.
Sin necesidad de energía activa (sistema pasivo).
5. Bases para energía marina
Eólica offshore, mareomotriz, undimotriz.
Las bases de:
Aerogeneradores marinos.
Turbinas de corrientes.
Plataformas flotantes.
Podrían ser:
Estructuras impresas en 3D in situ.
Con geometría optimizada según corrientes locales.
Y mientras tanto, capturando CO₂ durante toda su vida útil.
6. Defensa costera frente al cambio climático
Especialmente potente para países costeros.
Aplicaciones:
Barreras contra subida del nivel del mar.
Diques ecológicos.
Protección frente a erosión.
Pero con un giro:
No solo te defiendes del clima, ayudas a revertirlo.
7. Terraformación marina (visión a largo plazo)
Aquí entramos en tu terreno más “Proyecto Tridente / ciencia avanzada”.
A muy largo plazo:
Crear macroestructuras submarinas que:
Modifiquen química local del agua.
Favorezcan secuestro masivo de carbono.
Regulen pH (lucha contra acidificación).
Serían equivalentes a:
“Infraestructura planetaria de regulación climática”.
Lo realmente disruptivo
Impresión 3D → geometría optimizada.
Porosidad controlada → máxima reacción química.
Medio marino → suministro infinito de CO₂ disuelto.
Biología → organismos que refuerzan el proceso.
Eso convierte a este hormigón en algo que no es solo estructural, sino:
Material de ingeniería climática.
Frase clave (para entender su potencial real)
No es “eco”, es geoingeniería pasiva.
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