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miércoles, 1 de julio de 2026

Aplicaciones en el medio marino
Autor: Salvador Lechuga Lombos + IA


Resumen de la noticia: 
El titular es llamativo, pero conviene matizarlo. La IA no ha sustituido a los ingenieros, sino que ha participado en el diseño de una pieza cuya geometría sería extremadamente difícil de concebir mediante los métodos tradicionales.

Según la información disponible:

  • La pieza fue desarrollada por la empresa LEAP 71 utilizando su sistema de diseño computacional basado en IA denominado Noyron.
  • La fabricación corrió a cargo de Farsoon mediante impresión 3D metálica.
  • La pieza no es exactamente una turbina convencional, sino un preenfriador hipersónico (precooler), un intercambiador de calor diseñado para enfriar aire que entra a velocidades hipersónicas antes de que llegue al motor.

Lo más innovador es que la IA generó una geometría fractal con miles de canales internos que:

  • aumenta enormemente la superficie de intercambio térmico;
  • reduce el peso;
  • mantiene el flujo de aire;
  • sería prácticamente imposible de diseñar manualmente.

La impresión 3D permite fabricar estas formas complejas, algo que hace apenas unos años era inviable.

¿Significa esto que la IA diseña mejor que los humanos?

En algunos problemas muy concretos, sí.

La IA puede explorar millones de configuraciones posibles buscando optimizar objetivos como:

  • peso;
  • resistencia;
  • refrigeración;
  • eficiencia aerodinámica;
  • consumo de material.

Los ingenieros, en cambio, establecen:

  • los requisitos;
  • las restricciones físicas;
  • los materiales;
  • los márgenes de seguridad;
  • y validan el resultado.

Es un cambio de paradigma: el ingeniero pasa de dibujar directamente la pieza a definir el problema que la IA debe resolver.

Esto puede ser muy relevante para proyectos como los siguientes: 

Teniendo en cuenta el interés por vehículos hipersónicos, drones de rescate y sistemas aeroespaciales, este tipo de diseño computacional podría aplicarse a:

  • intercambiadores de calor ultraligeros;
  • turbinas más eficientes;
  • estructuras internas de drones con mayor resistencia y menor masa;
  • sistemas de refrigeración para motores hipersónicos;
  • componentes de vehículos espaciales reutilizables.

La combinación de IA + optimización topológica + impresión 3D metálica probablemente será una de las tecnologías más transformadoras de la ingeniería durante la próxima década, porque permite descubrir soluciones que los métodos tradicionales rara vez encontrarían por sí solos.


Aplicaciones en el medio marino

La aplicación de este tipo de diseño asistido por IA al medio marino tiene un potencial muy amplio. El principio es el mismo: dejar que un algoritmo explore millones de configuraciones para optimizar el flujo del agua, la resistencia estructural o la transferencia de calor, respetando las leyes de la física y las restricciones de fabricación.

Algunas aplicaciones prometedoras son:

  • Hélices y propulsores navales: la IA podría diseñar palas adaptadas a distintas velocidades y condiciones de navegación para reducir el consumo de combustible, el ruido y la cavitación (formación de burbujas que disminuyen la eficiencia y dañan las palas).
  • Bombas y turbinas marinas: en centrales mareomotrices o de corrientes oceánicas, podrían obtenerse rotores con mayor rendimiento y menor desgaste.
  • Intercambiadores de calor: los barcos, submarinos y plataformas marinas utilizan sistemas de refrigeración que intercambian calor con el agua del mar. Geometrías internas optimizadas por IA podrían mejorar la eficiencia sin aumentar el tamaño.
  • Vehículos submarinos autónomos (AUV): cascos y superficies hidrodinámicas diseñados mediante optimización computacional podrían reducir la resistencia al avance y aumentar la autonomía, algo especialmente interesante para misiones científicas o de vigilancia.
  • ROV y drones submarinos: estructuras internas ligeras y resistentes, impresas en 3D, permitirían alojar más baterías o sensores sin incrementar el peso.
  • Captación de energía marina: las turbinas para aprovechar corrientes oceánicas o mareas podrían incorporar perfiles que maximicen la producción eléctrica incluso cuando la velocidad del agua cambia.
  • Sistemas de desalinización: membranas y canales internos optimizados podrían mejorar el flujo del agua y reducir el consumo energético de las plantas desalinizadoras.
  • Biomimetismo: la IA puede inspirarse en organismos marinos como ballenas, delfines, atunes o mantarrayas para generar formas hidrodinámicas que un diseñador humano quizá no imaginaría.

En relación con varios de los proyectos que has planteado anteriormente, esta tecnología también podría aplicarse al diseño de submarinos autónomos de larga duración. Por ejemplo, una IA podría optimizar simultáneamente:

  • la forma del casco para minimizar la resistencia hidrodinámica;
  • los conductos de refrigeración de la electrónica y de los sistemas de potencia;
  • las hélices o propulsores para reducir la firma acústica;
  • la estructura interna para soportar grandes presiones con la menor masa posible.

A más largo plazo, es plausible que existan sistemas de diseño donde la IA optimice todo el vehículo marino como un único conjunto —casco, propulsión, refrigeración, distribución de equipos y resistencia estructural— en lugar de tratar cada componente por separado. Esa aproximación podría dar lugar a diseños muy distintos de los actuales, siempre que después superen las verificaciones de ingeniería, las pruebas experimentales y los requisitos de seguridad.


¿La industria española esta preparada para este cambio?

España parte de una posición razonablemente buena en varios sectores, pero la preparación es desigual. No se trata solo de incorporar IA, sino de integrar tres capacidades al mismo tiempo: diseño generativo, simulación avanzada y fabricación digital.

Fortalezas de la industria española

España ya cuenta con empresas y centros tecnológicos que podrían adoptar estas herramientas con relativa rapidez:

  • Navantia, que desarrolla buques militares, submarinos y sistemas navales de alta complejidad.
  • Airbus, con experiencia en diseño aeronáutico y fabricación avanzada.
  • Indra, especializada en software, simulación y defensa.
  • Sener, con una larga trayectoria en ingeniería aeroespacial y energética.
  • Tecnalia y AIMEN Centro Tecnológico, que investigan en fabricación aditiva, materiales e inteligencia artificial.

Además, España dispone de universidades y centros de investigación con experiencia en dinámica de fluidos computacional (CFD), optimización estructural e impresión 3D metálica.

Los principales retos

El cambio no es únicamente tecnológico.

  • Formar ingenieros que sepan trabajar con IA como herramienta de diseño.
  • Disponer de mayor capacidad de computación de altas prestaciones.
  • Ampliar la fabricación aditiva metálica para producción industrial.
  • Adaptar los procesos de certificación, especialmente en sectores como el naval, el aeronáutico y el de defensa.

Uno de los mayores desafíos será cambiar la forma de diseñar. Tradicionalmente, el ingeniero propone una solución y la mejora de forma iterativa. Con estas nuevas herramientas, el ingeniero define los requisitos y la IA explora miles o millones de alternativas, que luego deben validarse.

¿Qué oportunidades tendría España?

España podría aprovechar especialmente esta tecnología en:

  • Construcción naval y submarinos.
  • Aeronáutica y sistemas hipersónicos.
  • Energía eólica marina y turbinas mareomotrices.
  • Desalinización y gestión del agua.
  • Drones aéreos y submarinos.
  • Componentes para satélites y lanzadores espaciales.

Perspectiva

España tiene la base industrial y científica para participar en esta transformación, pero competir con países como Estados Unidos, China o Alemania requerirá una inversión sostenida en computación, talento, fabricación avanzada y colaboración entre empresas, universidades y administraciones.

Si esa inversión se mantiene durante la próxima década, España podría situarse entre los países europeos con mayor capacidad para diseñar y fabricar componentes optimizados por IA, especialmente en los sectores naval, aeroespacial y energético, donde ya cuenta con una base industrial consolidada.

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