miércoles, 13 de marzo de 2013

Chile. Cartografiando la huella geológica del terremoto de Aysén en el fondo marino

Chile. Cartografiando la huella geológica del terremoto de Aysén en el fondo marino
"Estos deslizamientos, iniciados en las paredes del fiordo, provocaron unas cicatrices geológicas que son visibles aun hoy en día.

El 21 de abril de 2007, un terremoto de magnitud 6,2 en la escala de Richter provocó tsunamis que causaron víctimas mortales y daños importantes en infraestructuras de la industria de la cría de salmones en las costas chilenas. Investigadores de la Universidad de Barcelona han iniciado una campaña oceanográfica para determinar sus consecuencias en el fondo marino.
"Estos deslizamientos, iniciados en las paredes del fiordo, provocaron unas cicatrices geológicas que son visibles aun hoy en día. El estudio de estos deslizamientos, y de otros todavía más antiguos que puedan ser identificados, permitirá interpretar su dinámica, caracterizar su peligrosidad y modelizar la propagación de la onda destructiva", explica el profesor Galderic Lastras, del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la UB, que es miembro del GRC Geociencias Marinas y director de esta campaña oceanográfica.
En la campaña también participan Miquel Canals, jefe de investigación del GRC Geociencias Marinas, y otros miembros de este equipo científico, además de expertos del Servicio Geológico de Noruega (NGU), el Centro de Geología Marina de la Universidad de Gante (Bélgica), la Universidad de Malta y el Instituto de Física del Globus de París, la Universidad de Chile y el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (SERNAGEOMIN).
Los investigadores llevan a cabo prospecciones geológicas mediante técnicas acústicas para obtener cartografías de los fondos marinos de muy alta resolución, con un nivel de detalle muy elevado (de hasta un metro) y secciones sísmicas que muestran la disposición de las rocas por debajo del fondo marino.
"El fiordo de Aysén es un modelo geológico altamente relevante para comprender este tipo de procesos en otras masas de agua cerradas o semicerradas como fiordos, lagos, embalses, etc. que puedan alojar núcleos de población en riesgo", apunta el profesor Galderic Lastras. "Por eso, este estudio es un ejemplo claro de cómo la investigación científica puede actuar en beneficio directo de la sociedad, y más concretamente, en relación con la ocurrencia, la investigación y la mitigación de catástrofes naturales".
En esta expedición, la dotación del buque oceanográfico BIO Hespérides está encabezada por el comandante Jaime Cervera y sus oficiales, y en ella participan dos miembros del Instituto Hidrográfico de la Marina, así como dos pilotos de la Armada chilena que aportan sus valiosos conocimientos en la navegación por los canales patagónicos.
La Unidad de Tecnología Marina (UTM-CSIC) proporciona apoyo técnico al equipo científico, que navega por un área marina relativamente cerrada y poco conocida pero de gran belleza natural. La campaña, que acabará el 17 de marzo en Punta Arenas (Chile), forma parte de la acción complementaria DETSUFA, financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad.

Antártida: bases navales con mucha ciencia - La Razón digital

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Japón encabeza la explotación del ‘oro submarino’ como combustible

Japón encabeza la explotación del ‘oro submarino’ como combustible

El país asiático consigue extraer de forma experimental gas del hidrato de

metano del lecho marino

Es una alternativa de futuro al petróleo, con riesgos


Barco de perforación que extrae gas metano del lecho marino de Japón. / JOGMEC/HANDOUT (EFE)
Ya hay quien lo ha bautizado como el “oro submarino”. Los lechos marinos albergan grandes cantidades de hidratos de metano que los investigadores llevan años tratando de extraer de manera segura para conseguir una fuente de energía alternativa al petróleo y otros combustibles fósiles. A simple vista, son como trozos de hielo —con la particularidad de que si se les acerca una llama, arden—. Están formados por una mezcla de gas y agua que es estable a baja temperatura y alta presión, justamente las condiciones que se dan en el fondo marino, a un mínimo de 500 metros de profundidad. Se estima que hay reservas que duplican las de petróleo, gas natural y carbón. De ahí las enormes expectativas que generan estas investigaciones.
Japón acaba de situarse en cabeza de estos experimentos al anunciar que ha conseguido extraer gas metano frente a su costa, en la zona de las penínsulas de Atsumi y Shima, en la costa este del país. No es la primera vez, señala Carlos Rossi, profesor del Departamento de Petrología y Geoquímica de la Universidad Complutense de Madrid, quien recuerda campañas exitosas recientes en Canadá. Sí es la primera ocasión, tal y como destacó ayer la compañía estatal Japan Oil en una nota de prensa, que se hace offshore, es decir, en un pozo marino. El barco de perforación llamado Chikyu empezó ayer mismo el ensayo de caudal y la producción de gas, que se quema en un quemador instalado en la popa.

Dos técnicas

Las estructuras que forman el hidrato de metano son estables a baja temperatura y alta presión, lo que determina los dos métodos de extracción posibles, según explica Carlos Rossi, de la Universidad Complutense. Uno consiste en inyectar un fluido caliente y el otro en quitar presión mediante bombeo.
Japón ha participado en dos ensayos internacionales previos en Canadá, los dos onshore, es decir, en tierra firme. El primero, en 2001, probó la técnica del calor. El segundo, entre 2007 y 2008, ensayó el método de la despresurización, que según la compañía estatal Japan Oil consigue disociar el hidrato de metano de forma “más eficiente”. Es este último el que se está empleando en la prueba actual.
Los hidratos de metano se llaman también clatratos de metano debido al tipo de estructura de este compuesto, en el que las moléculas de agua enjaulan las de gas. A simple vista son como hielo.
Los hidratos de metano son “muy abundantes y se conocen desde siempre”, explica Rossi. “Abundan en la zona ártica, pero por ejemplo también hay en España, en el golfo de Cádiz”. Lo que está haciendo Japón “es un test”, añade. “Aún no ha empezado la producción; se trata de la fase de pruebas. Dejarán fluir el pozo para ver cómo va el caudal y harán estimaciones para determinar si puede explotarse comercialmente”. El flujo, explica, “tiene que ser estable, es decir, el pozo tiene que liberar hidratos a un ritmo que se mantenga en el tiempo”.
Japón está especialmente interesado en extraer metano. No tiene petróleo y tras el accidente nuclear de Fukushima (marzo de 2011) el Gobierno decidió cambiar radicalmente su política energética. Prácticamente todas las plantas nucleares fueron desconectadas. “Japón es totalmente dependiente energéticamente y tiene millones de toneladas de hidratos de metano en el fondo del mar por extraer”, afirma Daniel Closa, investigador del CSIC. Si lo consigue, no será de forma inmediata. El Ministerio de Economía japonés, que financia el proyecto, asegura que los hidratos de metano que hay en la zona equivalen al gas natural que importa el país en 11 años. “Aunque no se trata de producción comercial”, reconoce la nota de prensa oficial, “supondrá un gran progreso en la investigación y el desarrollo de los hidratos de metano como recurso”. Si pasa la prueba actual, el proyecto pasará a una segunda fase y de allí a una “producción comercial futura” que se prevé para el periodo 2016-2018.
La extracción del hidrato de metano, además de cara por la dificultad de habilitar pozos en el mar, tiene peligros medioambientales. “Es un gas con efecto invernadero mucho más potente que el CO2”, explica Rossi. “Varias decenas de veces más”, insiste. El efecto que podría tener en el calentamiento global no se debería minusvalorar, señala también Closa. Es complicado que no se libere metano a la atmósfera durante su extracción puesto que se trata de un compuesto “relativamente inestable”, añade, y afirma: “Si nos ponemos a extraerlo no es para asustarse pero sí para estar atentos”.

jueves, 7 de marzo de 2013

El océano subterráneo de la luna Europa no está aislado

 
La composición de Europa es parecida a la de los planetas interiores del Sistema Solar. Está compuesta principalmente por rocas silíceas y tiene una capa externa de agua de unos 100 kilómetros de espesor.

Científicos del Instituto Tecnológico de California (Caltech), en colaboración con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, han encontrado la mayor evidencia hallada hasta ahora de que el agua salada del vasto océano subterráneo de la luna de Júpiter, Europa, no está aislado, sino que está en contacto con la superficie helada e, incluso, intercambian productos químicos.
   La composición de Europa es parecida a la de los planetas interiores del Sistema Solar. Está compuesta principalmente por rocas silíceas y tiene una capa externa de agua de unos 100 kilómetros de espesor, parte como hielo en la corteza, parte en forma de océano líquido bajo el hielo.
   Las nuevas tecnologías han identificado de manera definitiva una característica espectroscópica en la superficie de la luna que indica la presencia de una sal de sulfato de magnesio, un mineral llamado epsomita, que sólo podría originarse en el océano.
   "El magnesio no debe estar en la superficie de Europa, a menos que llegue desde el océano, lo que quiere decir que el agua del océano sube a la superficie y los elementos de la superficie, presumiblemente acaban en el agua del océano", ha explicado uno de los autores del trabajo, Mike Brown.
   El científico ha indicado que "este hallazgo significa que la energía que podría estar pasando al océano, lo cual es importante en términos de las posibilidades de vida allí". "La superficie de hielo de Europa supone ahora una ventana a un océano potencialmente habitable", ha insistido. En este sentido, ha apuntado que significa que si "se quiere saber lo que hay en el océano, se puede ir a la superficie y raspar un poco.
    Los resultados, publicados en 'The Astronomical Journal', se obtuvieron a partir de una espectroscopia del el Observatorio Keck (Hawai), que opera con los telescopios más grandes y científicamente más productivos del planeta. Tiene diez metros y está equipado con óptica adaptativa (AO) para ajustar el efecto borroso de la atmósfera terrestre, así como el Espectrógrafo Infrarrojo de Campo Integral (OSIRIS), que, según han explicado los expertos, capta detalles que no fueron capaces de alcanzar los telescopios de la misión son Galileo de la NASA, que fue envida a estudiar Júpiter y sus lunas entre 1989-2003.
   Desde los días de la misión Galileo, cuando la nave espacial mostró que Europa estaba cubierta de una capa de hielo, los científicos han debatido sobre la composición de la superficie de Europa. El espectrómetro de infrarrojos a bordo de Galileo no fue capaz de proporcionar la precisión necesaria para identificar definitivamente algunos de los materiales presentes en la superficie.